Simplificando

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Mierquina, qué difícil es tomar decisiones. O mejor dicho, qué difícil nos imaginamos que es tomar una decisión. A menos que sea algo de vida o muerte, todo en la vida tiene solución. A veces no queremos entender eso, y nos ponemos los obstáculos nosotros mismos en el camino… pero no hay problema, siempre y cuando sepamos cómo quitarlos. ¿Cómo? Simplificando.

Tal y como nos enseñaron en el colegio, muchas operaciones matemáticas se pueden simplificar. Si hay dos números de la misma familia los puedes tachar, al igual que cuando por dos caminos puedes obtener el mismo resultado. Sin embargo, hay veces que las cifras no te permiten ir por la vía fácil. Tienes que hacer una operación a un nivel más complejo del que estabas acostumbrado… eso es lo que pasa cuando vas creciendo.

A los 5 años, te preocupabas por ver tus muñequitos preferidos. A los 10 años, trabajabas arduamente por ser el niño con más amigos de tu curso. A los 15 años, duraste como 6 meses pensando cómo ibas a celebrar ese número mágico. Dos años más tarde, graduarte de cualquier forma y entrar a la universidad. Trabajar. Casarte. Tener hijos. Trabajar. Trabajar. Jubilarte. Morir ¿Eso es ser adulto?

Revelación del siglo: SÍ. La vida está diseñada perfectamente para ir colocándonos pruebas según podamos superarlas. Un niño de 15 años entenderá más el divorcio de sus padres, que uno de 10. Pero no siempre pasa así. Hay niños que pasan experiencias más traumáticas de las que hemos pasado tú y yo, y parecen estar ilesos, ser invencibles. O quizás ese eres tú. En tal caso, sólo te recuerdo que si lo superaste, es porque era parte de tu historia.

¿Cuándo fue la última vez que te sentiste estancado? Quizás estás teniendo unos meses excelentes, y fue el año pasado cuando estabas feo para la foto. Quizás ayer no te querías levantar de la cama, o quizás hoy. ¿Pero mañana? No. Es más, ahora. No es válido.

Desde pequeños nos enseñan a compararnos con los demás para hacernos sentir inferiores o superiores, pero luego te corrigen que está mal compararte con otros, pues nadie es igual. Pero yo te digo que te compares. A veces eso es lo que hace falta para que te des cuenta de lo dichoso que eres, aún en tus peores momentos. Si pasa aire por tu nariz y sangre por tus venas, todo estará bien.

Entonces, ahora yo te pregunto a ti…¿Qué harás hoy? Yo trataré de perderle el miedo a atreverme, a trabajar por lo que quiero. Espero que tu propósito sea tan ambicioso e irrealista como el mío, pero que como sea lo tengas de norte y cada día te acerques más.

Así es como yo lo veo… ¿Cómo lo ves tú?

2 comentarios sobre “Simplificando

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