Como los caballos

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Todo en la vida tiene sus repercusiones, porque como dice el dicho, un gustazo, un trancaso. Creo que no hay una frase que aplique más a todos los aspectos de la vida que esa. Es la que nuestros padres nos dicen cuando preferimos salir con nuestros amigos que quedarnos estudiando para un examen, o lo que comentan en una reunión familiar cuando se enteran de que la hija de fulanita quedó embarazada.

Pero hay veces que la frase escala a otro nivel. Ya no es tan sencillo como un boche o una mala nota, sino que se convierte en una tragedia o una muerte. Porque son muchas las veces que nuestras acciones, además de afectarnos a nosotros mismos, influyen en la vida de quienes nos rodean, especialmente nuestros seres queridos.

No soy quien para decir que soy la más santa y que nunca me he equivocado, pero hay gente que se pasa. Nada más hay que tener dos dedos de frente para saber dónde uno puede meter su nariz y dónde no, y si realmente no sabes qué hacer, entonces siempre está la opción que casi nunca queremos aceptar, por culpa de nuestro orgullo: ayuda.

Digo yo, que para algo somos diferentes y tenemos amigos. Y si no tienes amigos, familia. Y si no tienes familia, al primero que te encuentres al lado de la calle. A veces basta con salirnos de nuestra zona de confort para encontrar lo que queremos, y lo que no también. Porque mcuhas veces es más sencillo que alguien que no conoces te diga la verdad cruda y sin piedad, mientras que quienes te aman, siempre tratarán de protegerte.

A veces necesitamos eso. Estrallarnos con una pared para darnos cuenta de lo estúpido que estuvo eso que dijiste, o que hiciste. Y luego viene la parte más difícil: reconocer que te equivocaste, y que probablemente debes pedir perdón.

¿Por qué es que nos da tanto trabajo, si uno sabe que realmente hizo algo mal? Yo entiendo que sí, cada quien debe tener sus creencias y convicciones, pero no es que no tenemos que poner como los caballos, con dos cartones a los lados sin darnos cuenta de lo que sucede a nuestro alrededor.

Últimamente he tratado de poner eso en práctica, de resolver los asuntos que han quedado sin resolver, y debo admitir que se siente bien. En primer lugar, te sientes bien contigo mismo por tener la madurez de aceptar tus errores y enfrentarlos, y en segundo lugar, sabes que estás haciendo lo correcto con los que se ven afectados.

Me da risa en verdad, porque a veces veo a adultos que se supone que ya están hechos y derechos, pero qué te digo… Muchas veces yo les llevo la milla.

Así es como yo lo veo… ¿Cómo lo ves tú?

 

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