¿WTF Budapest?

Día 2 (5/07/2016) 

Bonjour! Y no se cómo se dice hola en húngaro ni quiero saber. Son las 10:30 am y nos levantamos hace un par de horas. Ya desayunamos/cenamos y estamos empacando todo. Hasta ahora, tenemos planeado ir al City Center, buscar los benditos adaptadores, y tratar de convencer a Joanna de comer papas fritas. En unos minutos, haremos el check-out. ¡Por suerte, volvemos a Bruselas!

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Ahora mismo, estamos en el avión camino a Budapest, Hungría. Antes de eso, tuvimos un día muy relajado y tranquilo en Bruselas. Lo primero que hicimos fue buscar los adaptadores y la medicina para la tos de las otras, que están enfermas. Luego, al lado de donde estaba la Bolsa de Valores, nos tomamos un chocolate caliente.

Caminamos bastante en busca de “Fritland”, donde venden papas fritas. Después de aproximadamente media hora, finalmente pudimos encontrarlo. Comimos muchísimo, y nos quedamos ahí un buen rato.

Luego, nos reunimos con una amiga de Ivón (la mamá de Joanna), llamada Samanda, quien nos llevó a un bar a probar la cerveza belga. No me gustó para nada, aunque la de cereza estaba más pasable. Dimos par de vueltas más, y finalmente, terminamos en el hostal. Esperamos hasta las 6 pm al taxi, y llegamos al aereopuerto. El check in y todo el proceso fue súper rápido. Pero sin dudas, algo que siempre recordaré es lo malo que estaba el sandwich que costó casi 5 euros. Un sabor inolvidable. Ew. Budapest, ¡Aquí vamos!

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El vuelo se movió muchísimo, y estaba lleno de hombres bellos, pero había un pequeño problema: se puede decir que lo que dicen del mal olor que tienen los europeos es totalmente cierto. Cuando llegamos, recogimos las maletas y salimos en busca de nuestro taxi. Después de unos minutos, lo encontramos y de una vez nos pusimos en marcha.

Iba todo bien. Duramos aproximadamente media hora en llegar al hostal, pero cuando nos damos cuenta, no llegamos al hostal. Le preguntamos al taxista que dónde se encontraba el hotel, pero solamente hablaba húngaro, así que no nos entendíamos nada. Así que luego de hablarle en inglés y él respondernos en húngaro por un buen rato, nos hizo señales de que entráramos al auto de nuevo, que él nos llevaría donde era. Y así lo hizo.

Llegamos al GoodMo, al hostal donde nos estamos hospedando. Tom, el recepcionista, es súper agradable. Y en la habitación hace un calor inexplicable. ¡Y ahora a dormir, que mañana tenemos una nueva ciudad por delante que conocer!

 

 

Día 3 (6/07/2016)

¡WTF, Budapest! No entendemos NADA. Sándor, el estudiante de intercambio de AFS de nuestra promoción, nos había comentado que el húngaro es el idioma más difícil del mundo, pero nunca imaginamos que sería así. Que impotencia se siente no entender nada y ni si quiera poder hablar.

Ya son las 8:30 am y estoy esperando a que las demás se levanten. Budapest, espero que seas más agradable de lo que aparentas.

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Budapest, fuiste más agradable de lo que aparentabas. Definitivamente me equivoqué.

Empezamos el tour con Unitrips a eso de las 11 am, y lo que hicimos a partir de ahí fue caminar. MUCHO. Conocimos muchísimas infraestructuras de las que ya no recuerdo el nombre, pero algunas de ellas fueron la Sinagoga, el puente de Cadenas (que unifica Buda y Pest), la Basílica de San Esteban y el Castillo de Buda.

Lo primero interesante que hicimos fue probar el “langosh”, que es como un yaniqueque gigante relleno de lo que ordenes. Nosotras lo pedimos mexicano y lo dividimos entre las 4, y a decir verdad nos quedamos con hambre. Nos pasa por tacañas. ¡Sólo costaba 2 euros!

Como nos quedamos topaitas´, fuimos a un Burger King que había unos metros atrás, y que al verlo habíamos afirmado que no íbamos a terminar comiendo ahí. Diana y yo terminamos con un cheeseburger, y Ana y Joa con un shake de oreo.

Pero si hubiésemos sabido lo que nos esperaba, me hubiera comido 2 langosh yo sola.

Pasamos el resto de la tarde básicamente caminando la ciudad completa. Pero sí debo admitir que me fascinó Buda. Entre las cosas que más me gustaron, está el trayecto de Pest a Buda, y la vista del puente de las Cadenas, pero lo más memorable definitivamente fue la perdida que nos dimos en el Castillo de Buda. Habíamos perdido a nuestra guía Alexandra, y dimos como un millón de vueltas. ¡Que cansancio!

Ya lo que fue el regreso no tiene madre. El cansacio que teníamos era indescriptible, e incluso, aunque suene exagerado, me recordó al Pico Duarte.

Luego de que llegamos al hostal, fuimos a un restaurante llamado Stex por recomendación de Tom (el recepcionista) y nos encontramos con Yerimar, una puertorriqueña que está en el tour. Nos sentamos con ella, comimos y hablamos por un largo rato.

Ahora estoy bañada y acostada, lista para dormir. Polonia, ¡Nos vemos mañana!

 

 

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