Los waffles de Bruselas

Ciudades de Europa

Día 1 (4/07/2016)

Ya estamos a menos de una hora de Bruselas. ¡Pero ni qué trabajo nos ha dado! Primero, la fila eterna en el check-in, y la de migración por igual. Luego, el susto que nos dimos cuando se llevaron a Diana a otro sitio a “revisar” su cédula, que no se qué fue lo que revisaron, solo sé que quería matarla. Corrimos hasta el gate y nos encontramos con Joanna y Ana, y mientras tanto con mucha emoción.

A pesar de que el vuelo era a las 5 pm, estábamos abordando a eso de las 5:20 pm, por lo que sabíamos que el vuelo se retrasaría bastante. Ya estamos sentadas, y una azafata llama a la “Sra. Rosa” (osea, Joanna) para revisar su maleta. Se la llevan y dura como media hora, y ese fue el momento donde su organización y orden que había puesto en hacer la maleta, se la desbarataron en 5 minutos. LOL. Terminamos saliendo a eso de las 6:45 pm.

En general, el vuelo ha sido tranquilo, excepto por la azafata del afro que cada vez que pasa con el bendito carrito se me estralla y me levanta de un sueñito que estaba a punto de echar. Y una niña tumbó un vaso de agua y me cayó en el pie. YUJU!

Y wow, ningún café se compara con el de casa.

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¡Llegamos a Bruselas! Desde que salimos a buscar nuestro taxi, nos estaba esperando un joven (muy buenmozo por cierto) en saco y corbata; el taxi era un Mercedes Benz (con wifi). Hello Bélgica!

Llegamos al hostal y dejamos las maletas. Luego de mucho discutir, decidimos ir al City Center, donde hay muchos restauranticos y tiendecitas. La gente se para a esperar que cruces la calle, no hay bulla. Pero eso sí, no entendemos absolutamente nada.

Comí McDonalds, fuimos al súper, y ahora estamos en un sitio de comida rápida. So far so good.

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Hicimos un tour de Sandemans gratis por la ciudad de Bruselas. Vimos las grandes infraestructuras, el niño haciendo pipí, entramos a las tiendecitas a observar los souvenirs y las estafas que nos hacen a todos los turistas. Y claro, no podían faltar los famosos waffles con nutella. Una sola palabra; mortal. Pero sobre todo, vimos a mucha gente linda. MUCHA.

Lo hicimos a pie TODO, por lo que terminamos exhaustas, y el camino de regreso al Meininger fue bastante largo. Cuando finalmente llegamos, tomamos un baño y nos acostamos un rato para descansar un poco, y luego ir a cenar. Lo de la cena nunca sucedió. Y los adaptadores no funcionaron, excepto el de Joanna. YAY.

 

 

 

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