Bienvenido a la República Dominicana

República Dominicana.pngDesde que escuchamos la expresión opinión pública, inmediatamente lo relacionamos con la democracia. Pues los conceptos que componen a esta expresión significan, según la Real Academia Española, “Sentir o estimación en que coincide la generalidad de las personas acerca de asuntos determinados”. ¿Y qué tiene que ver eso con la democracia? Para entenderlo, también debemos definir la palabra democracia, la cual se refiere a “Doctrina política según la cual la soberanía reside en el pueblo, que ejerce el poder directamente o por medio de representantes”.

Ambos conceptos suenan muy ajenos a lo que vivimos hoy en día en nuestro país, pues en realidad, no se siente que vivimos en una democracia. El periodista Eddy Olivares Ortega, en su artículo Opinión pública y Manipulación publicado en Acento en octubre del 2014, concuerda con este punto, al afirmar que “Para el filósofo alemán Jürgen Habermas, el más destacado estudioso de la opinión pública del presente, es de vital importancia que el Estado democrático cuente con la legitimación popular de la opinión pública, la cual debe ser crítica y no manipulada como, desafortunadamente, ocurre en la mayoría de las democracias formales”.

Asimismo, el periodista Manuel Brugal, en su artículo La opinión pública dominicana, ¿Por qué es estéril?, publicado en el periódico Hoy en febrero del 2009, concuerda con la misma idea, al decir que “La principal función de la opinión pública en una democracia es la de frenar el poder político, ya que su influencia puede cambiar las decisiones de los electores, poner en marcha movimientos sociales o desencadenar la acción de la justicia”.

No es un secreto que la opinión pública de nuestro país se ve manipulada, en gran parte, por los medios de comunicación, y el principal y el más efectivo de todos es la televisión. Nos vemos bombardeados diariamente de anuncios publicitarios que tocan temas desde el nuevo restaurante que debemos visitar, hasta por quién debemos votar en las próximas elecciones. Y estos anuncios, por más simples e inofensivos que parezcan, realmente influyen en las decisiones que tomamos.

Es cierto que hay una parte de la población dominicana que ha recibido una educación que le permita tomar decisiones por sí sola, pero no es la mayoría. Y es injusto, pues en la Declaración Universal de los Derechos Humanos por las Naciones Unidas, en su Artículo 26, se establece que “Toda persona tiene derecho a la educación (…) La educación tendrá por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana y el fortalecimiento del respeto a los derechos humanos y a las libertades fundamentales; favorecerá la comprensión, la tolerancia y la amistad entre todas las naciones y todos los grupos étnicos o religiosos, y promoverá el desarrollo de las actividades de las Naciones Unidas para el mantenimiento de la paz”. Y todos sabemos que esa declaración es solo un cuento de hadas aquí, y en muchas otras partes del mundo.

A esto, parte de la idea planteada por el periodista Manuel Brugal se complementa, pues afirma que “Por el bajo nivel educativo de nuestra población y su precaria situación económica, nuestros políticos contrarrestan la influencia de la opinión pública sobre los electores, comprando conciencias y financiando masivas campañas publicitarias con fondos públicos y privados de origen ilícito”.

Entonces, si un pueblo no es capaz de tomar decisiones racionales y que realmente beneficien al país, no se le hace justicia a la finalidad de la opinión pública. Y no es que no tengamos el derecho de salir a las calles a protestar a exigir lo que nos merecemos, porque de poder, se puede. ¿Pero qué sucede si las autoridades nos ignoran? Solo hay una respuesta: Bienvenido a la República Dominicana.

Y aparte de esto, está el inconveniente de que ya no sabemos a quién creerle. Incluso los noticieros, que se suponen que deben mantener a la población dominicana informada con la verdad sobre los acontecimientos que suceden en nuestro país, muchas veces se ven influenciados por las personas que poseen esos medios. Y esto no es solo en la televisión, sino incluso en los medios tradicionales, pues cada uno tiene su inclinación. Unos son conservadores, otros más objetivos, pero al final, ¿Quién dice la verdad?

Y ahora que todo parece un desastre, ¿Qué podemos hacer para que la opinión pública sea realmente valorada como se merece? Gracias a que estamos viviendo en la era de la información, cada quien tiene la capacidad de convertirse en periodista. Pues con un simple celular, podemos grabar un hecho y hacerlo llegar a millones de personas, ya sea de un mono bailando o de un policía agrediendo a alguien inocente. Dice un dicho muy famoso que la información es poder, y muchos de nosotros todavía no nos hemos dado cuenta del alcance que podemos llegar a tener con los medios de comunicación.

Las redes sociales son nuestra principal herramienta, la cual además de para subir selfies, podemos utilizar para expresar nuestras ideas y denunciar ante nuestra sociedad lo que debe cambiar para nuestro país. Nosotros, los jóvenes y comunicadores de hoy en día, debemos alzar la voz y exigir la justicia. Porque al final, aunque no tengamos un título universitario que lo confirme, todos somos comunicadores.

Así es como yo lo veo… ¿cómo lo ves tú?

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s